
San David Uribevelasco
También conocido como: David Uribe
Día de Fiesta
12 April; 21 May as one of the Martyrs of the Mexican Revolution
Nacimiento
29 December 1888 at Buenavista de Cuellar, Guerrero, Mexico
Fallecimiento
Shot in the back of the head on 12 April 1927 near San Jose Videl, Morelia, Mexico
Canonizado
21 May 2000 by Pope John Paul II during the Jubilee of Mexico
Beatificado
22 November 1992 by Pope John Paul II
Venerado
7 March 1992 by Pope John Paul II (decree of martyrdom)
Biografía
San David Uribevelasco, también conocido como David Uribe, nació el 29 de diciembre de 1888 en Buenavista de Cuellar, Guerrero, México. Fue el séptimo hijo de una familia pobre, Juan Uribe Ayal y Victoriana Velasco Gutierrez, quienes tuvieron un total de once hijos. David fue bautizado el 6 de enero de 1889, y desde joven mostró una fuerte vocación para servir a Dios. A los catorce años, en 1903, ingresó al seminario de Chilapa, donde se destacó como excelente estudiante. Su dedicación y compromiso con sus estudios quedaron evidentes, y avanzó rápidamente en su formación. En 1910, David se convirtió en subdiácono, y al año siguiente, en 1911, fue ordenado diácono. Finalmente, el 2 de marzo de 1913, fue ordenado sacerdote. Su camino hacia el sacerdocio había estado marcado por la devoción y un compromiso inquebrantable con su vocación. Inicialmente sirviendo como párroco en Buenavista de Cuellar, sus habilidades y dedicación llamaron la atención del obispo Antonio Hernández Rodríguez de Tabasco. Fue nombrado secretario del obispo, cargo que le permitió asistir en diversas responsabilidades pastorales y adquirir valiosa experiencia en la jerarquía eclesiástica. En 1914, David y el obispo Rodríguez fueron dirigidos a trasladarse a Chilapa, Guerrero, debido a la violencia antirreligiosa que estallaba en todo el país. Trágicamente, su barco se hundió durante el viaje, pero por la gracia de Dios, David, el obispo y cuatro personas más sobrevivieron a la tragedia. David continuó sus tareas pastorales como párroco, sirviendo en Zirandaro. Sin embargo, las sublevaciones zapatistas lo obligaron a regresar a Chilapa. A pesar de las circunstancias difíciles, permaneció dedicado a las necesidades espirituales de sus feligreses y compartió sus luchas en tiempos turbulentos. El 30 de julio de 1926, los obispos de México, preocupados por la seguridad pública, ordenaron suspender la adoración pública y cerrar las iglesias. David, aunque en contra de su voluntad, obedeció respetuosamente la orden. Sin embargo, impulsado por su fe inquebrantable y compromiso con su vocación, regresó posteriormente en secreto a sus tareas pastorales, arriesgando su seguridad para brindar guía espiritual y apoyo a quienes lo necesitaban. Fue el 7 de abril de 1927 cuando la fe y el servicio sacrificial de David fueron puestos a la prueba suprema. El ejército lo arrestó y lo llevó a Cuernavaca. Allí enfrentó una difícil elección: se le ofreció la libertad si se convertía en obispo de la iglesia escisionista dependiente del gobierno. Sin embargo, la lealtad de David hacia la verdadera fe y su compromiso con la Iglesia lo llevaron a rechazar firmemente la oferta. Consciente de las posibles consecuencias de su decisión, David escribió su testamento el 11 de abril de 1927, preparándose para lo que creía que le esperaba. Al día siguiente, lo llevaron a un lugar remoto cerca de San José Vidal, Morales. Manteniendo la fidelidad incluso ante el martirio, David oró por sí mismo y por sus verdugos. Demostró compasión cristiana al entregarles sus pertenencias y prometerles orar por ellos en la vida venidera. El 12 de abril de 1927, San David Uribevelasco fue martirizado, disparado en la parte posterior de la cabeza. Reconociendo su fe inquebrantable, servicio sacrificial y valor, el Papa Juan Pablo II declaró el martirio de San David Uribevelasco el 7 de marzo de 1992. El 22 de noviembre de 1992, el Papa Juan Pablo II lo beatificó, y el 21 de mayo de 2000, durante el Jubileo de México, San David Uribevelasco fue canonizado. San David Uribevelasco es recordado por su devoción a Dios y su dedicación desinteresada a las necesidades espirituales de sus feligreses, incluso frente a grandes adversidades. Su vida y martirio sirven como inspiración y ejemplo de fe, valor y compromiso con la Iglesia Católica.
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